Por: Fabian Gutierrez A.
VILLA DE POZOS, SLP. — Si usted llega a la emblemática panadería La Cardona, en el corazón de Villa de Pozos, no solo se llevará el aroma del pan recién horneado y la tradición de uno de los rincones más ricos de San Luis Potosí. Antes de bajar de su auto, lo recibirá una serenata de chiflidos, una reverencia y un despliegue de actitud que ya quisiera cualquier joven de veintitantos.
Se trata de Don Isidro Herrera Rodríguez, quien a sus 65 años es mejor conocido por todos como el «Pedro Infante» de la cuadra. Y no es para menos, aunque no anda a caballo, maneja el estacionamiento con la galanura y el carisma de la época de oro del cine mexicano.
Un inicio con «el visto bueno» del mero mero
Hace ocho años, ante el portazo que la vida laboral le da a quienes ya peinan canas, Don Isidro no se sentó a lamentarse. Se plantó en el estacionamiento de La Cardona con una idea, ser el guardián de los panes y los coches.
No fue fácil como en toda buena película, hubo villanos, una empleada intentó correrlo y un guardia de seguridad casi le pone «fin» a su escena. Pero como el destino sabe de justicia, apareció el «mero mero», el dueño de la panadería, quien reconoció en Don Isidro esa chispa de trabajo honrado y le dio luz verde para quedarse.
»Pase, Licenciada, aquí está su lugar»
El repertorio de Don Isidro es variado. Es un maestro de la improvisación. Entre el tráfico de Pozos, se le escucha gritar:
»¡Pase, licenciada, aquí está su lugar reservado!», «¿Quiere que pare los carros? ¡Ah, no, si no viene nadie! Perdón, es la edad…»
Con un sentido del humor a prueba de clientes gruñones, Don Isidro se gana la vida para sostener su hogar y a su esposa, con quien está por cumplir 44 años de casado. Cuatro décadas de amor que se alimentan de las monedas que caen en su mano, siempre recibidas con un «Dios la bendiga y que le vaya muy bien».
Hablar de Don Isidro es hablar del ecosistema del pan potosino. Porque en esta ciudad, el buen comer es religión, donde la Cardona se alza como el baluarte de Villa de Pozos.
El arte de ver la vida con positivismo
Lo que hace especial a Don Isidro no es solo su capacidad el viene viene, sino su resistencia emocional. En un mundo donde muchos van a trabajar arrastrando los pies y con el ceño fruncido, él elige la broma para los chavos, el cumplido respetuoso para las damas y la carcajada ante la adversidad.
A veces la gente es grosera, sí, pero él prefiere quedarse con los que se ríen de sus chistes. Porque para el «Pedro Infante» de la Cardona, la vejez no es una falta de oportunidades, es simplemente el escenario perfecto para demostrar que la verdadera «superioridad» no está en el puesto, sino en la bendición que se da con una sonrisa al recibir una moneda.
Si pasa por Villa de Pozos, no solo vaya por su concha o su bolillo; busque al hombre del chiflido. Le aseguro que saldrá de ahí con el pan caliente y el alma un poquito más ligera.



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