El Laberinto de Acero: La Lucha por un empleo en la Zona Industrial

 

Roberto Gutiérrez/El Rayo de San Luis/fotos redes

 

Soy auxiliar administrativa contable, hace dos años entre de operadora, en una empresa de la Zona Industrial de la capital, pues no me daban empleo de lo que estudie, pero se trataba de empezar como fuera, por lo que ingresé de operaria». Eso sí ahí, las que no tienen estudios te tratan como idiota como si no supieras o captaras, hay unas muy vulgares que no conocen la educación, otras son buenas personas,  «hay de todo, solo queda cuidarnos y tratar de empezar de lo que sea».

Es la historia de Juanis, quién   narra lo que hizo para recibir una oportunidad en una empresa de la Zona Industrial de la capital, en la que muchos como ella coinciden en que revelar en tu solicitud que tienen estudios medios o universitarios, más que una ayuda para ocupar un mejor puesto o ganar más, es un lastre que los vuelve inelegibles para las empresas.

«Solo pongan que acabaron la prepa hasta ahí nomás y luego cuando estén dentro busquen la vacante». Dice Jorge

Yo soy ingeniero industrial y no me contratan como operativo porque estoy sobrecalificado.

Esto es solo parte del disparate desempleo, al que se enfrentan miles de potosinos en su mayoría jóvenes que aspiran a conseguir trabajo después de salir de las universidades, los institutos tecnológicos o escuelas técnicas y van entusiasmados a los  centros de producción, donde el ruido de las máquinas contrasta con el silencio de la espera del buscador de empleo y enfrentan una situación muy diferente que supera todas sus aspiraciones.

En ese Laberinto de Acero Francisco un ingeniero universitario que recién acudió a dejar solicitues comenta: «La Lucha por una oportunidad en la Zona Industrial rebasa todas las expectativas.

Sentado en una banca de la Alameda a donde accedió a platicar con El Rayo, mesando el pelo de su cabeza dice: Para quien busca empleo,  la zona industrial es un paisaje de contrastes brutales. Por un lado, se percibe la opulencia de la producción: el movimiento incesante de tráileres, el humo de las chimeneas y el zumbido de los motores que sugiere una prosperidad vibrante. Por otro lado, existe la realidad del aspirante que camina bajo el sol ardiente de las avenidas sin sombra, o con lluvia y calles encharcadas con riesgo de caer en un bache y un faolder de solicitudes en mano, enfrentándose a una muralla invisible de seguridad y burocracia.

El primer obstáculo es la deshumanización del proceso. En las zonas industriales modernas, ya se acabó el «tocar la puerta». El aspirante se topa con casetas de vigilancia donde la respuesta suele ser helada «todo es por la página» o «deje su currículum en aquel buzón», que parece un agujero negro. El contacto humano se cambió por algoritmos y plataformas digitales que filtran candidatos sin considerar la disposición al trabajo o la necesidad del empleo.

 

El disparate de la experiencia

 

El buscador de empleo se encuentra atrapado en un ciclo contradictorio: las empresas exigen experiencia en maquinaria de última generación, pero no ofrecen los espacios de capacitación para obtenerla. Esto crea una brecha donde el trabajador operativo, a pesar de tener años de oficio, se siente obsoleto ante una tecnología que no ha tenido oportunidad de tocar.

 

El Desgaste Físico y Emocional

 

Caminar en la zona industrial de la capital, no es solo un esfuerzo mental, es un desgaste físico. Las distancias son enormes, el transporte público es deficiente y el costo de trasladarse diariamente para entregar papeles o asistir a entrevistas fallidas acaban con los escasos recursos del desempleado. A esto se suma la carga emocional: ver cómo miles de personas entran y salen de los turnos con sus uniformes puestos, mientras uno permanece al margen, genera una sensación de exclusión difícil de sobrellevar.

«En la zona industrial, el tiempo se mide en producción para la empresa, pero para el desempleado, el tiempo se mide en hambre y los recibos del teléfono, el gas y la luz que que se deben pagar»

Hoy la moda son los grupos de Wasap y chats para buscar empleo y como arenas de mar, unos y otros solicitantes  leen las ofertas, los tips, comentan de oportunidades y también de a qué empresas no hay que ir por los horarios esclavizantes, los bajos salarios y las promesas incumplidas.

Asi desfilan nombres de Mabe , Herdez , draxmier, Bosch , Loréal , 3m y otras muchas …. Que son recomendadas. Hay variedad dice jesús, en un chat, pero te sugiero mejor ir directamente a las empresas , porque los centros de «reclutamiento» honestamente dejan mucho que desear , a mí por ejemplo el año pasado me hicieron todo el proceso para Loréal y al final ni me hablaron «me dieron una explicación muy pendeja», dice agregando un emoji de enojo.

En el chat hay todo tipo de opiniones por ejemplo un anónimo dice: Metanse a trabajar en Sorteadoras de Calidad, mi hermana está en una y sus 4000 no le fallan pero eso si es puro de 12 horas lunes a sabado.

Y así, opiniones y sugerencias van y vienen: «Vente a teknia dice otro, contratan rápido y no hacen ningún tipo de examen médico».

«Mabe Dansung Apelsa Son Los que contratan Más rápido». No faltan las advertencias:

«DravenRag  Esta horrible firmas por bonos de producción y asistencia, pero no te los dan, ya los quitaron «q xq no vende la empresa»

Incluso hay quienes preguntan si se acepta a menores de edad.

«Sabes si en alguna de esas hay oportunidad para menores de edad», dice otro que firma como anónimo.

Hasta los que postean con tristeza y desesperación «Pues  yo llevo desde noviembre del 2024 buscando «jale» y nadie me quiere contratar que porque no tengo experiencia».

«Igualmente, ya voy para tres semanas que no encuentro para montacargas probablemente sea porque en mi anterior trabajo me despidieron por recorte de personal y sea el motivo por el cual no logré o me hablen para el siguiente filtro».

 

La sombra del «Outsourcing»

 

La búsqueda de empleo en la Zona Industrial, es en última instancia, una prueba de resistencia, ya que la batalla no termina ahí. Muchos se encuentran con agencias de reclutamiento externas que ofrecen contratos temporales, salarios mínimos y nulas prestaciones. La estabilidad se vuelve un lujo, y el trabajador se ve obligado a aceptar condiciones mediocres por la urgencia de llevar el pan a casa, perpetuando un ciclo de incertidumbre laboral.

Cada uno de los aspirantes requiere una voluntad de hierro para no rendirse ante las negativas y una paciencia infinita para esperar que, finalmente, una de esas puertas de acero se abra y se puedan concretar sus sueños.