De política y de fútbol

 

Por Roberto Gutiérrez / El Rayo / Fotos

 

*Políticos y oposición desaprovechan el Mundial*

 

Si algo dejó en claro este Mundial de la FIFA, es que a todos les ganó la ambición y privilegiaron la ganancia monetaria en vez de la ideológica, que a futuro les habría dado más dividendos.

 

¡Que el fútbol es un negocio y que eso es lo que le interesa a la FIFA, ya lo sabíamos! Pero que pasara incluso por encima de la soberanía de un país que presume defenderla a ultranza… bueno, ya vimos que todo eso se olvidó y la mayoría calló como momia ante el atropello.

 

Entre los ultrajes de la FIFA estuvo, en primer lugar, el altísimo costo de los boletos para entrar a los estadios de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. En segundo, la apropiación de los derechos de transmisión de los partidos, que pocos mexicanos pudieron ver; a diferencia de los mundiales de 1970 y 1986, que se transmitieron en televisión abierta, ahora los precios fueron prohibitivos. También estuvo la apropiación de espacios públicos como los estadios de fútbol que, aunque están en manos privadas, son bienes públicos y, además, estratégicos para la seguridad, el control social y la tranquilidad de un país.

 

Dejarlos en manos de la FIFA no solo fue un atropello para nuestra soberanía, sino una muestra del estado fallido en el que estuvo México durante el mes que duró el evento.

 

¿El gobierno de México pecó de ingenuo? ¿Se dejó llevar por la falsa euforia de un mundial de fútbol que presuntamente traería turismo al país, daría una mejor imagen y traería tranquilidad social? Porque no fue así: ni hubo millones de turistas, ni tregua delincuencial, ni mucho menos tranquilidad social.

 

Más bien, se desperdició el Mundial. Mostró la brecha que hay entre ricos y pobres; entre los que tienen el poder adquisitivo para acceder a ese tipo de espectáculos —entre ellos los nuevos políticos— y los que hacen negocios con el poder.

 

¿Cuánto le costó el mundial de fútbol al gobierno de México? ¿Quién lo pagó?

 

A Morena no le interesó que el pueblo viera los partidos; a la oposición, menos. Todos privilegiaron el dinero y la ganancia sin entender que el fútbol es un deporte de masas. Con esto se generó un resentimiento social, porque los dueños del dinero excluyeron al pueblo de su deporte favorito. Esa es hoy la realidad. Y todo, como ya todo el mundo lo dice, ¿para que Argentina sea campeón? ¡Qué bárbaros! Pero en su salud lo hallarán.

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